domingo, 25 de julio de 2010

Twitter, ultracortos y los trenes que vamos dejando.

Hace bastante tiempo, hablando con mi amigo Alejandro Alonso, discutíamos sobre la posibilidad y la validez de los ultracortos.
Estos textos, obviamente, no son cuentos. No tienen la estructura necesaria. Pero son, desde mi punto de vista, completamente válidos. Ojo, no es fácil alcanzar la pericia suficiente como para que realmente se transformen en literatura, y muchas veces se cae en la frase trivial con un dejo de sorpresa por una vuelta de tuerca conseguida con la simple transposición de los personajes o alguna particularidad dentro de la situación. Pero a veces hay cosas interesantes.
Hoy, medios como Twitter, que no están pensados como soporte literario, permiten a través de su limitación en caracteres que algunos autores, medio queriendo, medio sin querer, terminen posteando entradas que definitivamente son ultracortos.
Yo de parabienes, aunque más como lector, y lo disfruto mucho.

Cambiando completamente de tema, y volviendo a uno de mis tópicos favoritos, hoy El Encarrilador bajará del tren. En este pequeño arco argumental estuvo en compañía de varios invitados, aprendimos varias cosas del universo encarrilador (¿o deberíamos decir "los universos"?) y con una participación importante de Los Cartoneros del Espacio, en el que se produjo (según Saurio, su autor) el cameo más largo del mundo... de los Cartoneros, claro.
¿Qué le deparará ahora? ¿Ya estará cerca de su destino? ¿Habrá nuevos personajes, o volverán viejos amigos?
Con El Enca nunca se sabe. Ni siquiero lo sé yo porque, definitivamente, este personaje va definiendo, con el paso del tiempo, su propio camino.

sábado, 10 de julio de 2010

Bloqueo

Bueno, por unos días no voy a poner nada sobre mi queridísimo y antenudo hijo digital (con el que cada día me parezco más, en varios sentidos). Quiero encarrilar algunas cosas. Quisiera. No son cosas importantes de la Vida, pero sí son cosas importantes para mí. Volver a escribir, por ejemplo.
Nunca fui escritor. Creo que escritor de verdad es ése que está pensando en su material todo el tiempo, encadenando palabras, generando ideas y situaciones. No es mi caso. Generalmente soy asaltado por la musa, y después queda el laburo de enderezar las letras y las palabras que se me mezclan, sacar ripio, reacomodar secuencias... hasta arruinar el texto. No digo que sea siempre así, pero muchas veces pasa.
Lo que sí hago es tratar de encontrar en aquellos escritores que estimo y considero buenísimos (y tengo cuatro, al menos, muy cercanos y con los que puedo hablar si necesito) el ejemplo de cómo hay que hacer las cosas. Pero hay más, claro, y es valiosísimo el intercambio que se puede tener con ellos.
Con respecto al bloqueo, podría excusarme en la falta de tiempo. O en el cansancio mental.
Pero lo cierto es que lo importante pasa por la falta de algo más. Ese algo más, creo haberlo mencionado alguna vez, tiene que ver con mi necesidad de mostrar que las personas podemos hacer las cosas bien. Si toman mis cuentos verán que la mayoría son bastante negativos en cuanto a la visión de las personas, y quisiera poner una esperanza. Alguien que logra eso, por ejemplo, es Eduardo Carletti en su cuento "La máquina".
Pero se ve que necesito creer en la gente. Y no lo consigo. A pesar de que día a día veo buenos ejemplos (y mi tarde de sábado es uno de ellos, compartida con jóvenes que dedican su tarde y a veces más a otros jóvenes y niños, un grupo de exploradores que tiene ya más de noventa años y que, casualmente, está en el mismo lugar donde nació el club San Lorenzo de Almagro). A pesar de que a menudo veo buenos gestos, hay cientos de ejemplos negativos, en especial de la mano de aquellos que deberían buscar el bronce en vez del oro. Es como si hubiese dos mundos. El de la gente común, que día a día hace su labor y que crea y crece y comparte, tal vez sólo por la necesidad de vivir con un poco de armonía. Y el otro, donde la avaricia y el egoísmo se manifiesta en cada gesto.
Acabamos de pasar nuestro día de la Independencia (ése que a Google lo tiene a maltraer, que no sabe cuándo es ni cuál es, siquiera, y puede que no se lo podamos achacar a Google, sino a nosotros, con una identidad social tan ambigua). Y me pregunto independencia de qué. Para mandarnos las cagadas que nos mandamos (y digo mandamos porque si bien no las hacemos nosotros somos responsables por omisión) preferiría no ser independiente, somos como ese nene que toca una y otra vez el horno caliente.
Y para colmo, lo tengo a Oesterheld con sus Manos, esos pobres titiriteros que no son más que títeres (¿quién tirará de las cueras, al final?).
Así que no puedo escribir. Si bien sé que el mundo de verdad se hace con y en las pequeñas cosas de cada día, en cada pasito, en cada buen gesto y en cada mano que podamos dar, necesito una señal de que las cosas pueden ser mejores, y de que el esfuerzo de la gente común no va a ser borrado por la obstinación y el empecinamiento obtuso y egoísta de unos pocos que en nombre de la gente (o en representación de un Dios Todopoderoso) acomodan las cosas a su capricho (y/o a su bolsillo). No pueden ver a la gente en paz, no la pueden ayudar a crecer sin sacar beneficio, muy lejanos están de los principios que esgrimen como bandera.
No les voy a echar toda la culpa, pero esta vergüenza ajena, este asco que siento por estos seudolíderes, tienen este efecto en mí: no me dejan imaginar historias donde su nefasta intervención no sea más que un lamentable pero lejano recuerdo.

sábado, 3 de julio de 2010

San José 5

Olvidé hacerles un comentario.
Hace un par de semanas pasé por la esquina de San José y Rivadavia, más conocida por todos los viejos aficionados a la CF de Argentina y en especial de Buenos Aires como San José 05, y me llevé una amarga sorpresa: un grupo de obreros estaba sacando escombros del bar, que se veía demolido en su interior.
No sé qué van a hacer ahí, aunque supongo que alguien (seguramente un nuevo dueño) va a hacer algo más "moderno".
El asunto es que allí conocí a muchos de mis amigos. Allí se conocieron muchos de los que hoy llevan adelante la Ciencia Ficción Argentina. Ese lugar era el faro que alumbraba la tarde/noche de los viernes, y allí se acercaban los que vivían en el interior con la seguridad de encontrar a alguien. Ahí conocí o nacieron Axxón, Cuasar, Dipsus, El Pozo, Gurbo, NuevoMundo, Perian, creo que también Sinergia y seguramente otras publicaciones que ahora no recuerdo (sepan disculpar).

Sea lo que sea, creo que deberíamos dejar allí alguna huella...

martes, 29 de junio de 2010

Hay lecturas y lecturas...

Y sí, a veces leo. Principalmente en el colectivo, ya que ahí no puedo hacer demasiado más. Ahora estoy leyendo Presa, de Michael Crichton, y la verdad es que por ahora el libro me convence, aun cuando veo los hilos de los cuales el autor va tirando. A Crichton siempre lo había esquivado debido a la lectura de su primerizo El hombre terminal, que no me había gustado, aunque debo reconocer que lo leí mucho después de su creación, cuando la tecnología ya se había miniaturizado y popularizado lo suficiente como para habernos engañado a todos, especialmente a aquellos que imaginaban a las computadoras del futuro como monstruos gigantescos.

Pero en realidad quería contarles que este jueves 1ro de julio a las 21 hs., aquí en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y más precisamente en la calle Argañaraz 22 (entre Estado de Israel y Lavalleja, pleno Villa Crespo y a poco de Parque Centenario: el subte B los deja a la vuelta, en la estación Angel Gallardo), Laura Ponce, Ale Alonso, José María Marcos y Leo Capucci leerán (cruzados, uno la obra de otro) fragmentos de novelas que aún no han terminado de escribir y, por lo tanto, inéditas. Obviamente no son retazos de cosas recién empezadas, sino obras a punto de ser paridas.

Este tipo de recitales de lectura son eventos de por sí interesantes. Aquí se oye la voz de los autores antes que nada ni nadie. Pero esta vez es especial, porque la lectura de un texto ajeno permite que el autor pueda observar con mejor juicio las reacciones de los oyentes, y los oyentes podrán tener ahí nomás a los culpables.
Conociendo a Laura y a Alejandro lamento muchísimo no poder participar de la jornada. No conocer a José María y a Leo me da bronca, porque me pierdo la oportunidad de conocerlos, a ellos y a sus obras. No obstante, me ofrezco por este canal para invitarlos a no perderse esta oportunidad de conocer obras de la mano de sus propios autores.

Ya le pedí a mis amigos que lo graben.
Pero mejor es en vivo.
¿Se lo van a perder?

domingo, 27 de junio de 2010

¡Vaaacayendo gente al baile!

Sin caer en la respuesta martinfierrística, van llegando nuevos invitados a la tira de El Encarrilador.
Hoy se sumaron dos nuevos Cartoneros: Kotaka y Zeml (y gracias, Saurio, de nuevo).


Y por último, ese vendedor ambulante que, supongo, les resultará conocido.
No sé cómo es en otros países, pero en los trenes argentinos la venta ambulante no es sólo una cosa diaria, sino contínua. Uno, de comprar cada oferta, se llevaría al bajar del vagón un montón de cosas. Y una frase clásica en esa de "para la cartera de la Dama y el bolsillo del caballero", aludiendo a la cómoda portabilidad del objeto en venta.

Este T.R.E.N., siendo la de los Menganos una cultura completamente mercantilista, no podía ser menos, y se me ocurrió que la cultura de los ETs también era una cultura de vendedores. ¿Qué harían si la civilización dominante fuese otra?

jueves, 24 de junio de 2010

Bienvenidos al T.R.E.N.

Seguimos en viaje, y empiezan a llegar los invitados.
Y el primero no es más ni menos que Enok, uno de los Cartoneros del Espacio.


Los Cartoneros son una invención de Saurio, a quien no le alcanza con escribir muy buenos cuentos y probar cada tanto con la música.
Petizo, vestido de verde y con antiparras rojas, Enok es quizá el más inteligente y culturoso de los Cartoneros, y de a ratos el líder del grupo.

Bienvenido al T.R.E.N., Enok. ¿Y en qué andarán sus compañeros?

lunes, 21 de junio de 2010

Voy en tren, no voy en avión

El Encarrilador acaba de abandonar la Tierra.
Y lo hizo en T.R.E.N. ese extraño vehículo que nos es tan familar en apariencia pero que aquí es usado para algo que (al menos por ahora) a nosotros no nos serviría.

Basado en los subterráneos de Buenos Aires, y más específicamente en los vagones del Subte A (que está próximo a cumplir 100 años) el interior de los vagones terminó siendo una mezcla de lo que podemos ver en los distintos modelos de trenes de todas las líneas. De allí su color, similar al de la madera.



Esta parte de la saga (no sé muy bien cuál es la razón) me está dando muchas satisfacciones, y siento placer dibujándola, armando las cosas que tal vez me sirvan para una sola tira (nunca se sabe) y diseñando los distintos personajes que pueden aparecer.

Estén atentos porque habrá visitas...