Parece que se está yendo alguna gente. Este fin de semana se fueron Ballard, y alguien menos conocido por el común de los lectores de Ciencia Ficción pero sí valioso en la ciencia local y por qué no del mundo. Me acabo de enterar por una noticia que me llegó por el servicio de mensajería del diario La Nación.
Si no saben quién fue don Gregorio Klimovsky, vayan y lean como lo hice yo.
Voy a escribir una frase muy trillada: ¿Qué nos pasa a los argentinos (que sabemos quiénes son los científicos de allá afuera, pero que generalmente desconocemos a los nuestros)?
Claro, la ciencia local no es noticia, salvo como curiosidad. ¿Quién, del común de la gente, apoya a nuestros científicos? ¿Qué programa caza talentos y los beca para que se desarrollen?
Claro, ya sé: estamos demasiado ocupados candidateándonos testimonialmente como para estar pensando en nuestro país como patria.
Así nos va.
Don Gregorio, no tuve la dicha de conocerlo, aunque reconozco (aunque sea de nombre y un piquitín de trayectoria, a algunos de sus discípulos). Aún así le dedico mi tardío afecto y brindo porque la ciencia argentina (y los argentinos en general) encontremos la forma de hacer las cosas bien, de una vez por todas y para siempre.
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Hace 12 horas.
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