viernes, 6 de febrero de 2009

¿Viejo dicurso?

Hola. Soy Severn Suzuki, representante de ECO (Environmental Children’s Organisation), Organización Infantil del Medio Ambiente. Somos un grupo de niños de 13 y 14 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo. Nosotros mismos recaudamos el dinero para venir aquí y decirles a ustedes, adultos, que tienen que cambiar su forma de actuar. No he venido aquí a hablar de mis objetivos. Lucho por mi futuro.

Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir. Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos lloros siguen sin oírse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir. No podemos soportar no ser oídos.

Tengo miedo de tomar el sol a causa del agujero en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar con mi padre a Vancouver, mi hogar, hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de tumores. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.

Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean. ¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?

Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy sólo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen. No saben como arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben como recuperar los salmones de las aguas contaminadas. No saben como resucitar un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos.

Si no saben como arreglarlo, por favor, dejen de romperlo.

Aquí deben ser delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad son madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos ustedes son el hijo de alguien.

Aún soy sólo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, de hecho por treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso. Aún soy sólo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo. En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo cómo me siento.

En mi país derrochamos tanto... Compramos y despilfarramos, compramos y despilfarramos, y aún así los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder parte de nuestros bienes, tenemos miedo de compartir. En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión.

Hace dos días, aquí en Brasil, nos soprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de esos niños nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y afecto”. Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan codiciosos? No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda, que podría ser uno de esos niños que viven en las favellas de Río; que podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; una víctima de la guerra en Oriente Medio o un mendigo en India.

Aún soy sólo una niña y sé que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, la Tierra sería un lugar maravilloso. En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y no ser codiciosos. ¿Entonces por qué salen afuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?

No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: “todo va a salir bien”, “esto no es el fin del mundo” y “lo estamos haciendo lo mejor que podemos”. Pero no creo que puedan decirnos eso más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades? Mi padre siempre dice: “Eres lo que haces, no lo que dices”.

Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Los desafío: por favor, hagan que sus acciones reflejen sus palabras.

Gracias.



Este discurso fue dado en Río de Janerio por Severn Cullis-Suzuki ante los representantes de la ONU y otros altos funcionarios durante el "Earth Summit" de 1992. En ese momento, ella no tenía más que 13 años, y me produce un enorme placer saber que personas tan jóvenes puedan tener tal claridad de pensamiento. También me causa mucha vergüenza, porque mientras ella es hoy activista ambiental, licenciada en biología evolutiva y ecología por la Universidad de Yale y ha estado involucrada en varios proyectos asociados a estos temas que en realidad nos involucran a todos. Ella está dedicando su vida a hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.

¿Y qué hacemos nosotros, hoy? Yo, personalmente, hago muy poco más allá de preocuparme. Muchas veces pienso cuál es el mundo en el que están creciendo nuestros hijos. Muchas veces pienso si veré a mis nietos vivir en un mundo digno. Y generalmente quedo asqueado, avergonzado, decepcionado por nuestro accionar diario. Como argentino, como habitante de esta parte del planeta, donde casi todas las decisiones apuntan a mejorar el bienestar de pocos, a pesar de las banderas de justicia e igualdad social que esgrimen los últimos gobiernos que hemos tenido y tenemos (no me importa si es porque son poco imaginativos, ineptos, egoístas o porque están atados de pies y manos). Porque cada día estamos más apretados por el costo de vida, porque cada vez nos cuesta más mantener a nuestros hijos alimentados, educados y en un ambiente confortable, aún cuando yo, como ejemplo más cercano, dedico dieciséis horas diarias de mi vida en trabajar para darles alguna posibilidad de futuro. Porque vemos que en realidad nadie está preparado para llevar adelante un mundo lleno de seres humanos que buscan un placer engañoso e inexistente,y porque somos incapaces de pensar de forma diferente, más allá del hedonismo. ¡Consuman, compren, gasten!, gritan los medios, aún cuando nos castigan con una de las mayores crisis que pudieron existir hasta hoy a causa de un modelo agotado y las ansias irreflenables de unos pocos por acumular más poder político y económico. Todo esto me da mucha vergüenza.

Y también me da vergüenza que, como creadores de mundos imaginarios, muy pocas veces, en realidad casi nunca, seamos capaces de imaginar y crear un mundo mejor. No somos capaces de generar ideas positivas, ingeniosas, que posibiliten que otros tomen decisiones menos desacertadas. Porque somos incapaces de imaginar soluciones que vayan más allá de levantar la bandera de alerta y decir "somos una mierda".
¡Vamos, amigos escritores! Imaginemos, creemos, posibilitemos mejores ideas, soluciones pequeñas, parciales, insignificantes si se quiere, pero comencemos a hacer algo. Si no son nuestras manos, que sea nuestramente la que posibilite o al menos aliente a la creación de un mundo mejor.

Hay veces en las que pienso que el mundo necesita, implora por un nuevo avatar. Un líder que diga "vamos por aquí". Sé que esos líderes tan geniales y generales sólo podrían existir cuando el mundo parecía ser más pequeño. Hoy creo que estoy equivocado: ya existen esos líderes, esos avatares (posiblemente el término sea muy fuerte) que sean capaces de marcar un camino. Son cientos, miles de personas que con pequeños gestos indican qué hay que hacer. El ecosistema humano puede aprender de ellos, empezar a cambiar. Y quizá haya tiempo para llegar a ver el mundo que me gustaría imaginar para mis descendientes. Para todas las futuras generaciones. Muchas son ilustres desconocidos, y posiblemente nunca los conozcamos.

Voto para que aprendamos a verlos, a escucharlos, para que esa pequeña esperanza cobre fuerza, para imaginar que ya no es demasiado tarde.

Algunos links:

http://www.ecofactory.es/2007/10/blog-action-day-severn-suzuki-el.html
http://www.thegreatwarming.com/localhero-interviewsevernsuzuki.html
http://www.earthfocus.org/
También se puede encontrar su discurso en YouTube
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