sábado, 22 de septiembre de 2012

Dólares no, verdes sí

Estoy trabajando a dúo desde hace un tiempito con la Dra. Teresa P. Mira de Echeverría en la construcción visual de los personajes que está perpetrando para su nueva novela, que si alcanza la altura de los cuentos que viene escribiendo en el último año y medio será muy, muy interesante.
Una de las raza que la pueblan está formada por seres inteligentes que comparten muchas de las características de los vegetales terretres, los que han adoptado una forma antropomórfica con el fin de intereractuar con nosotros.

El resultado de este intercambio (entre Teresa y yo, a semejanza de las especies de la novela) es fecundo para ambas partes, y esta interacción nos da pie para que ambos sigamos creando. Tal vez, esta interacción se asemeje a la que se da entre un guionista y un dibujante de historietas (auque ni ahí alcanzo a influir en la obra de Teresa, que a esta altura es una de las luminarias que enriquece el firmamento de la Ciencia Ficción Argentina actual).

Para disfrutar de la novela de Teresa habrá que esperar, al menos, un tiempito. Pero para pizpear la apariencia de los seres que vivirán en esa historia, que ojalá alguna vez podamos disfrutar todos, no hay más que seguir los links de la leyenda de las imágenes.

Verde-1 y Verde-2

sábado, 15 de septiembre de 2012

Tendencias creativas personales

Quizás muchos de ustedes no estén muy enterados, pero desde hace un tiempito volví a integrar un taller literario entre pares, algo que solíamos hacer, hace ya bastante tiempo, con gente del CACyF y de Axxón en particular.
Y no hay caso, che. No aparece esa producción que uno espera generar a partir de ese fecundo intercambio de ideas tan común en grupos de este estilo (y más si el hilo conductor es la literatura fantástica). Pude escribir algunas cosas, pero no demasiado.
Pero sí puedo llegar a generar una, dos o más ilustraciones en una semana. Nada brillante, pero sale. Y sale porque quieren, necesitan salir, ser creadas.

¿Por qué?

Pensando sobre eso, creo entender por dónde viene la cosa:
Mi trabajo es escribir. Programas de computadoras, ejercicios sobre programación, apuntes sobre teoría, y más programas. Todo el tiempo armando rastis de palabras y símbolos. Creativamente.

La creatividad busca no aburrirse, y se ve que en mi caso, hoy, busca expresarse evitando las palabras.
Así que la hago corta y me voy a dibujar.

domingo, 26 de agosto de 2012

Tesoro

Lo mejor que podemos tener somos nosotros mismos y nuestras relaciones más cercanas. Las buenas marcas que dejamos tras nuestros pasos. Pero estamos tan empecinados en mirar lo que nos falta, tanto nos enseñan a ver lo faltante que lo olvidamos, y vanamente buscamos recompensa en las cosas que podemos adquirir. Obviamente, nunca obtendremos algo verdaderamente satisfactorio de eso, porque no es un fin, apenas puede ser un medio.
Esa es la treta del capital.

Los tesoros más grandes son aquellos que construimos a través de nuestra sensibilidad, de nuestros sentimientos, de nuestras relaciones.

Hoy puedo reflexionar sobre esto, pero tengo que aprehenderlo y valorarlo en su real significado.

miércoles, 18 de julio de 2012

La Gran "D"

Hay algo que, lentamente, debemos ir aprendiendo: nuestra participación en las redes sociales tiene que estar aparejada a nuestra responsabilidad social.

Cualquier cosa que digamos, mostremos u ofrezcamos públicamente quedará a merced de cualquiera, y cualquiera puede ser el feedback (e incluso nulo).

Pero a veces algunos intercambios acarrearán el agua suficiente como para hacernos pensar y mejorarnos. Alertándonos, muchas veces, de peligros reales. Abriéndonos los ojos.

Yo a eso lo llamo Democracia, una Democracia Solidaria que me parece mucho más fuerte que el simulacro de unos cuantos monos muy bien pagos que a veces se juntan en un recinto a rascarse las bolas mientras se enriquecen a costa nuestra.

Este mismo post puede ser tan efímero como un copo de nieve en primavera, o puede acarrear un alud sin que yo, también efímero y minúsculo, me dé cuenta.

lunes, 9 de julio de 2012

Musas

Nuevamente, y ayudadas por el entorno, mis musas vuelven a atacar en conjunto. Ellas son algo torpes y en realidad muchas veces (me parece) no saben muy bien qué hacer. Pero lo hacen.

A mí me inquieta saber cómo funcionan mis ideas, cómo se genera en mí el impulso creativo. Como informático, imagino ese caudal de información que se acomoda, procesa, transforma y toma nueva vida, todo en background. No llego a entender la secuencia de estímulos, cómo es que influyen mucho más allá de lo racional, pero sí imagino que aquellas cosas que hago (que hacemos) apenas son la cima visible del enorme iceberg que se esconde bajo las tormentosas aguas de nuestro interior.

¿Cómo se da el estímulo creativo influye en mí, y en todos nosotros?
Más allá de eso está la pericia en obtener resultados de calidad, pero eso es otra cosa. Luego del acto de crear, que es hedonista y tiene valor en sí mismo, nadie nos puede quitar lo bailado.

sábado, 9 de junio de 2012

El artista invisible

Dentro de las publicaciones dedicadas al fantástico que conozco, no suele ser común el reconocimiento a la obra de un tipo de artista que suele pasar invisiblemente ante los ojos (paradoja mediante) de los observadores. Claro que su labor, al menos en estos medios, es la de acompañar. Partenaires necesarios o no, tengo la sensación de que son pocos, muy pocos, los que hacen algún comentario sobre el difícil arte-oficio de la ilustración.
Inmersos en una sociedad visual, estamos acostumbrados a la existencia omnipresente de las imágenes, como si las mismas brotaran sobre el papel (analógico o digital) conejilmente, una detrás de otra y de manera sobrenatural.

Mientras escribo estas líneas levanto la cabeza y ante mí, autografiada, cuelga una obra de Ciruelo. Más allá, dos más del mismo autor. Por toda la casa hay dibujos o pinturas, los primeros generalmente míos, las pinturas de Laura, mi esposa. Con estilos muy distintos, las formas y los colores nos unen. Verla dibujar o pintar hace que yo mismo tenga ganas de tomar mis útiles y emprender una nueva obra. Ella me moviliza, me inspira al igual que las musas.
Si no es la primera vez que pasan por aquí sabrán que, salvo la música (que me sigue esquivando, aunque cada vez menos) en todo me enrosco y termino haciendo algo. Bien, mal, pero hago. Y cuando pasa eso, cuando uno está libre para dibujar o pintar, la mano fluye, las formas nacen y crecen, y nadie nos detiene, porque la creatividad, en ese momento, está a full.
Pero ilustrar un cuento o un libro es otra cosa. Quien no lo sufra en carne propia (ilustrador, escritor o editor) sabe lo difícil que puede ser ilustrar un texto. Uno no puede dibujar cualquier cosa. O sí.
Desde mi punto de vista hay dos formas de acompañar una historia a través de la ilustración: una es buscar una imagen bella que pueda o no estar relacionada al texto; la otra, hacer una ilustración inspirada en el mismo, pero que debe tener la sutileza de no contar de más, no romper la magia que forman las palabras.
Todo gran capocómico tuvo (tiene) alguien que le da pie para rematar la broma, un interlocutor de nivel que brilla con luz propia pero sin hacerle sombra: eso mismo es lo que intenta ser y hacer un ilustrador.
Por último, conozco el oficio de corrector literario, pero no el de corrector plástico. La obra del ilustrador es propia, y completamente suyos los defectos y las virtudes. Y también suyo parece ser el silencio ajeno, ya que suele ser el omnipresente artista invisible.

No es por mí (no sólo por mí) que escribo esto. Va también como agradecimiento a todo aquel que con su inspiración, su mano desinteresada, acompaña la obra de escritores y periodistas. Por agregar ese plus al bello arte de las palabras, por inspirarme todo el tiempo y enseñarme a contar sin develar, por alegrar mi vida a través de la magia de los colores y las formas.

[Esta nota no lleva ilustraciones pues ningún ilustrador fue sacrificado para la realización de la misma. Todo se verá más plano, pero quedaré en paz con la Asociación Internacional de Protectores del Artista Invisible]

domingo, 27 de mayo de 2012

Vicios

Sentirse un renacentista en el siglo equivocado es un poco complicado. Más que nada cuando uno despunta los vicios de andar entre las ciencias y las artes, leyendo, estudiando, escribiendo programas para computadoras o literatura, casi indistintamente, o dibujando/pintando, que es lo que "más me llama la atención" en estos últimos tiempos.

Además, uno quiere estar con la familia, cubrir las necesidades de afecto propias y ajenas, ver amigos, cumplir con esa cuota de servicio a la sociedad que hace falta y viene bien... Digan que a uno le gusta trabajar, y que tiene trabajos de los que disfruta, pero tampoco es para andar tirando cuetes.

¿Cómo es? ¿Cómo se hace? Necesito que el tiempo se estire, que me dé más sin correr tan rápido. Y encima hay que dormir, comer, ir al baño... ¡viajar! ¿Dónde están esos teletransportadores que me prometieron?
Puedo aprovechar, como sardina parada, y leer algo en el subte, entre empujón y empujón. Pero no me veo preparando una ilustración, o escribiendo (bueno, sí, corregir textos así se puede... a veces). Y sumemos ahora que me empezó a picar bastante la arquitectura...

Es complicado. Voy a tener que empezar a dejar estos vicios. Así no hay tiempo que alcance.